Modo Práctica
Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.
Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis
Por Constanza Schapheer
¿Por qué son importantes los insectos?
Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).
Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.
Amenazas a nivel mundial
Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores.
Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.
Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.
Conservación de insectos en Chile
Afortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.

Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).

¿Qué podemos hacer?
Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).
Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdf
¿De qué manera el primer párrafo destaca la importancia de los insectos?
DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.
Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis
Por Constanza Schapheer
¿Por qué son importantes los insectos?
Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).
Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.
Amenazas a nivel mundial
Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores.
Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.
Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.
Conservación de insectos en Chile
Afortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.

Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).

¿Qué podemos hacer?
Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).
Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdf
Respecto de las oscilaciones en la población de insectos, ¿por qué es complejo establecer conclusiones?
DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.
Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis
Por Constanza Schapheer
¿Por qué son importantes los insectos?
Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).
Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.
Amenazas a nivel mundial
Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores.
Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.
Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.
Conservación de insectos en Chile
Afortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.

Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).

¿Qué podemos hacer?
Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).
Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdf
En el cuarto párrafo, ¿qué ejemplifica la emisora a través de la investigación sobre el daño cognitivo de las abejas?
DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.
Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis
Por Constanza Schapheer
¿Por qué son importantes los insectos?
Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).
Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.
Amenazas a nivel mundial
Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores.
Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.
Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.
Conservación de insectos en Chile
Afortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.

Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).

¿Qué podemos hacer?
Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).
Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdf
Según la lectura, ¿qué efecto tienen los antibióticos de uso veterinario y humano en los insectos?
DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.
Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis
Por Constanza Schapheer
¿Por qué son importantes los insectos?
Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).
Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.
Amenazas a nivel mundial
Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores.
Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.
Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.
Conservación de insectos en Chile
Afortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.

Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).

¿Qué podemos hacer?
Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).
Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdf
Según la sección “Conservación de insectos en Chile”, ¿por qué se deben tomar acciones para la conservación de insectos no clasificados?
DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.