PAES de Invierno 2026 — Competencia Lectora — Forma 101 (Admisión 2027)
Prueba oficial DEMRE de Competencia Lectora, PAES de Invierno 2026, Admisión 2027, Forma 101. Incluye siete lecturas completas, 65 preguntas y claves oficiales. Duración: 2 horas 30 minutos. Las preguntas 8, 15, 32, 41 y 47 no se consideran en el puntaje P oficial; aquí se conservan para …
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.¿De qué manera el primer párrafo destaca la importancia de los insectos?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.Respecto de las oscilaciones en la población de insectos, ¿por qué es complejo establecer conclusiones?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.En el cuarto párrafo, ¿qué ejemplifica la emisora a través de la investigación sobre el daño cognitivo de las abejas?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.Según la lectura, ¿qué efecto tienen los antibióticos de uso veterinario y humano en los insectos?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.Según la sección “Conservación de insectos en Chile”, ¿por qué se deben tomar acciones para la conservación de insectos no clasificados?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.En la sección “Conservación de insectos en Chile”, ¿cuál es la estrategia utilizada para destacar la escasez de información sobre los insectos?
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Lectura 1: preguntas 1 a 7Artículo de divulgación científica, publicado en la revista La Chiricoca el año 2022.Conservación de insectos en Chile: desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis Por Constanza Schapheer¿Por qué son importantes los insectos? Los insectos aparecieron en la Tierra hace 420 millones de años a finales del Silúrico1; fueron los primeros animales en volar y no tardaron en poblar cada rincón del planeta (Grimaldi & Engel, 2005). En la actualidad constituyen el grupo de animales más diverso y abundante. De hecho, si se hace una lista de todas las especies conocidas, más de la mitad son insectos, 19 % corresponde a otros invertebrados, 16 % a plantas, 6 % a hongos y líquenes, 3 % a microrganismos (bacterias, virus, etc.) y 3 % a cordados. En este último grupo están todos los animales vertebrados incluyendo al humano (Chapman et al., 2012). Asimismo, los insectos corresponden al 10 % de la biomasa de animales, equivalente a 200 megatoneladas de carbono. Para poner las cosas en perspectiva, los mamíferos silvestres corresponden al 0,35 % de la biomasa animal, equivalente a 7 megatoneladas de carbono (Eggleton, 2020; Bar-On et al., 2018).Respecto a sus roles, los insectos llevan a cabo funciones clave para el funcionamiento de los ecosistemas tales como la polinización (Henríquez-Piskulich et al., 2021), ciclaje de nutrientes2 (Schapheer et al., 2021), control de plagas (Tillman et al., 2012), entre otros. Es tanta la importancia de estos animales que algunos autores los han propuesto como los principales proveedores de servicios ecosistémicos y que su conservación debiera ser tomada en consideración, si es que se quiere cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible adoptados por todos los Estados Miembros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2015, como “un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030”.Amenazas a nivel mundial Lamentablemente, la evidencia a nivel mundial no es alentadora. Amenazas propias del Antropoceno3 como la escasez hídrica, los incendios, la contaminación (química, lumínica, atmosférica, etc.) y la agricultura intensiva tienen un impacto negativo en las poblaciones de insectos (Wagner et al., 2021). A esto le podemos sumar la dificultad que existe a la hora de sacar conclusiones con relación a las oscilaciones de sus tamaños poblacionales. Sucede que la aproximación clásica a la conservación de animales está basada en vertebrados, los cuales en general tienen ciclos de vida largos en comparación con los insectos, por lo que el reporte de una gran fluctuación de una temporada a otra sí es informativo. En contraste, en el caso de los insectos se requieren estudios a largo plazo, ya que por su biología las grandes oscilaciones en el tamaño poblacional de una temporada a otra son esperables y conclusiones fiables solo se pueden extraer a base de las tendencias obtenidas luego de varios años de muestreo sistemático. Un ejemplo paradigmático de este tipo de investigación fue publicado por Hallmann y colaboradores en 2017, donde luego de hacer un muestreo de 27 años en áreas protegidas de Alemania pudieron concluir que hubo una disminución de más del 75 % de la biomasa de insectos voladores. Es sumamente relevante recalcar que para este tipo de estudios se requieren recursos y voluntad de las instituciones, dos factores que rara vez están presentes. Otra alternativa, más allá del estudio de los tamaños poblacionales, es evaluar el estado en el cual se encuentran los individuos y cómo las presiones antrópicas4 pueden afectar su desempeño. Un ejemplo es el daño cognitivo causado a las abejas por la exposición a dosis subletales de plaguicidas, que muchas veces tienen como efecto la desorientación, la cual impide que el insecto vuelva a su colonia y desencadena finalmente su muerte. Además, se ha probado que los antibióticos de uso veterinario y humano impactan negativamente la microbiota de los insectos, pudiendo aumentar su susceptibilidad a enfermedades.Este tipo de análisis demanda una mirada integrativa y transdisciplinar, y podría ser la clave para tener una idea más certera y a corto plazo del impacto del humano sobre la salud de los insectos. Pero ambas aproximaciones, ya sean estudios poblacionales a largo plazo junto a investigaciones integrativas enfocadas en la salud y desempeño, son ‒a mi juicio‒ complementarias. En conjunto podrían proveer información robusta para apoyar la toma de decisiones, por lo que debieran potenciarse y financiarse por entes públicos en un plan que tenga como objetivo final la acción de conservación basada en la evidencia científica.Conservación de insectos en ChileAfortunadamente, en Chile existen grupos de investigadores trabajando en levantar información científica respecto a la conservación de insectos, lo que ha permitido la identificación de diversas causas que impactan negativamente a estos artrópodos. Entre las que más destacan, se encuentra la pérdida del hábitat, contaminación y especies exóticas invasoras (González et al., 2014; Grez et al., 2016). A pesar de estos importantísimos avances, la labor de la entomología (estudio de los insectos) es inconmensurable, en gran parte debido a la enorme diversidad de este grupo de animales. Para ilustrar este problema, en las siguientes líneas haré el ejercicio de comparar las especies de insectos y mamíferos categorizadas en los procesos de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) (Figura 1), en relación con el número total de especies presentes en Chile de ambos grupos.Figura 1. Porcentaje de especies clasificadas por el MMA según su estado de conservación en relación al total de especies presentes en Chile. A la izquierda los insectos y a la derecha los mamíferos.Una aproximación muy subestimada y desactualizada del número de especies de insectos de Chile proviene de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) (2008), la cual estimó que hay aproximadamente 10 000 especies de insectos presentes en el país. Sin embargo, al no existir una mejor fuente utilizaré este número con fines ilustrativos. Respecto al número total de mamíferos presentes en Chile, el catálogo de D’Elía y colaboradores (2020) cita 163 especies. Luego revisé la cantidad de las especies clasificadas en los procesos del MMA y los resultados fueron los siguientes: del total de las especies de insectos presentes en Chile apenas el 0,76 % ha sido clasificado según su estado de conservación (Figura 1), en contraste con el 74,23 % en el caso de los mamíferos (Figura 1). Estos resultados reflejan el enorme vacío de información que existe respecto al estado de conservación de los insectos. Si nos vamos al detalle según categoría, en el caso de los insectos más de la mitad (66 %) se encuentra en una categoría de amenaza, ya sea en Peligro crítico, En peligro o Vulnerable (Figura 2). En ese sentido, es imperativo que el país destine recursos para saber qué sucede con ese 99,24 % de especies que aún no han sido categorizadas y tome acciones para su conservación, ya que es muy probable que esos organismos estén llevando a cabo procesos ecológicos que permiten la supervivencia de nuestra especie (Dangles & Casas, 2019).Figura 2. Porcentaje de especies de insectos según categoría.¿Qué podemos hacer? Como país estamos en un momento de grandes cambios y oportunidades. La conservación de todos los componentes de la naturaleza es vital para la supervivencia de nuestra especie, que por cierto también forma parte de la naturaleza. En lo concreto, es necesario que se actualicen las prácticas productivas, por ejemplo, la agricultura industrial debe transitar hacia la agroecología, la cual, además de respetar el entorno y los saberes ancestrales, se retroalimenta de las contribuciones de la biodiversidad. En ese sentido, los “impuestos verdes” son insuficientes, por lo que es preciso integrar estrategias diversas, como la planificación territorial y agroecología. Por último, pero no por ello menos importante, se requiere más investigación y desarrollo de tecnologías destinadas a solucionar problemas locales (Henríquez-Piskulich et al., 2021).Schapheer, C. (2002). Conservación de insectos en Chile: Desafíos y esperanzas para un país en metamorfosis. La Chiricoca, (28), 29-34. http://www.lachiricoca.cl/wp-content/uploads/2022/09/4.- LaChiricoca28-Desaf%C3%ADos.pdfNotas de la lectura1 Período geológico que se caracteriza por el calentamiento de la Tierra y la recuperación de la vida tras el congelamiento del período Ordovícico. 2 Movimiento de intercambio entre materia orgánica e inorgánica para regresar a la producción de materia viva.3 Término utilizado para describir el período geológico actual, caracterizado por el impacto global y significativo de las actividades humanas sobre el ecosistema y la geología de la Tierra. 4 Actividades económicas que generan impactos negativos sobre las coberturas vegetales naturales del suelo, alterando así los ecosistemas originales y los servicios que estos prestan.A lo largo de la lectura, la emisora incluye su opinión respecto de la información que entrega. ¿En cuál de los siguientes momentos está presente este recurso?
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.Pregunta excluida del puntaje P oficial; incluida para práctica.¿De qué manera se relacionan la anatomía y el arte en el Renacimiento?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.A partir de la lectura, ¿qué se infiere acerca de la relación entre la Iglesia y la anatomía?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.Según la lectura, ¿qué tienen en común Aristóteles y Averroes?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.Respecto a los estudios de anatomía, ¿qué tema se desarrolla en el tercer párrafo?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.¿Cuál de los siguientes anatomistas es un antecesor de los “humanistas médicos”?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.¿Cuál es la relevancia de los “humanistas médicos” para la anatomía?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.¿Quién colaboró con Leonardo da Vinci en sus estudios sobre anatomía?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.Pregunta excluida del puntaje P oficial; incluida para práctica.¿Cuál es el aporte de las teorías de Marco Vitruvio a la anatomía?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.¿Por qué el siguiente fragmento es un complemento a la lectura?«Una característica adicional a la enseñanza de la medicina de la antigüedad y medieval es que los médicos tenían una gran capacidad de observación de la enfermedad, que les permitía tener una certeza diagnóstica además de predecir el curso clínico del padecimiento y su pronóstico. Por esto podían considerar con justicia a su medicina como una ciencia, más que un simple arte o habilidad manual, sino como un cuerpo demostrable de conocimientos porque estaban capacitados para hacer un diagnóstico, predecir qué pasaría y a veces curaban al paciente».Romero, A., Ramírez, J., Ponce, F., y Soto, M. (2005). La cátedra de Cirugía y Anatomía en el Renacimiento. Cirugía y Cirujanos, 73(2), 151-158. https://www.medigraphic.com/pdfs/circir/cc- 2005/cc052o.pdfDEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 2: preguntas 8 a 17Artículo académico escrito por Marcos García Guerrero, publicado en la Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica el año 2012.Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo XV, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época –entre ellos los artistas– por la perfección física y las formas corporales. Es un momento en el que coinciden una gran cantidad de observadores y científicos que, tanto con su labor individual como colectiva, pudieron romper con la doctrina galénica5 imperante hasta la fecha. Este conocimiento anatómico fue el motor de las ciencias médicas, en general, y de la cirugía y anatomía, en particular.El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico6 hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición de la Iglesia para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria. Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.Desde finales del siglo XV y principios del XVI, los conocidos como “humanistas médicos” dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (1270-1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428-1524), Gabriele Zerbi (1445-1505), Alessandro Benedetti (1445-1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466-1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística7 y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos –la verdad oficial de la Iglesia de entonces– y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones develaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo una perspectiva humanista, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.No hay que olvidarse de que, junto al trabajo de los anatomistas italianos –y del resto de europeos–, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475-1564) o Alberto Durero (1471-1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452-1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435-1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística solo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481-1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía –parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratado sobre la pintura–. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X lo acusó de prácticas sacrílegas8, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitruvio sobre la aplicación de la sección áurea –la proporción divina– al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico.El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.García Guerrero, M. (2012). Medicina y arte. La revolución de la anatomía en el Renacimiento. Revista Científica de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica. https://www.elsevier.es/es-revista-revista- cientifica-sociedad-espanola-enfermeria-319-articulo-medicina-arte-la-revolucion-anatomia- X201352461242765XNotas de la lectura5 Teoría médica desarrollada por Galeno (129-216 d. C.), cuyos postulados se enfocaron en el funcionamiento del cuerpo. 6 Modelo de enseñanza que rigió la Edad Media, basado en la exposición de ideas filosóficas.7 Ciencia que estudia los textos escritos para reconstruir, lo más fielmente posible, las versiones de los textos originales.8 Acciones contra algo sagrado.¿Qué temática de la lectura se representa en la siguiente imagen?Da Vinci, L. (c. 1490). Hombre de Vitruvio. Galería de la Academia de Venecia.DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/¿A qué se dedicaba Charles Atkinson?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/¿En qué situación el protagonista siente por primera vez que sucede algo sobrenatural?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/De acuerdo con el relato, ¿qué situación atemorizó al protagonista?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/¿Qué le permite al lector la referencia al calor que se hace a lo largo del relato?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/¿Cuánto tiempo abarca el desarrollo de las acciones del relato?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/Considerando el conflicto del relato, ¿con qué objetivo el protagonista menciona su edad y estado de salud cuando se presenta?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/¿Qué motivó al protagonista a permanecer hasta el término del día en casa del escultor?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 3: preguntas 18 a 25Fragmento de un cuento del libro La casa de medianoche y otros cuentos de William F. Harvey, publicado originalmente el año 1910.El calor de agosto PENISTONE ROAD, CLAPHAM 20 DE AGOSTO DE 190…Creo haber vivido el día más extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda. Permítanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft. Tengo cuarenta años y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez. De profesión soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a lápiz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades. […]Desayuné esta mañana a las nueve y, después de echar un vistazo al periódico de la mañana, encendí mi pipa y procedí a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar. En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sentía un calor opresivo, y apenas había decidido que el lugar más fresco y confortable en el vecindario debía ser la parte más profunda de la piscina pública cuando la idea llegó.Empecé a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqué mi almuerzo y solo dejé de trabajar cuando el reloj de San Judas dio las cuatro de la tarde. El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sentí seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jamás.El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente después de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez debería decir: unos días antes debía haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresión comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto. Parecía no tener fuerzas para sostener su propio cuerpo.Enrollé el boceto y, sin saber del todo por qué, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, salí de mi casa. […] Desde ese punto solo tengo el recuerdo más vago de para dónde fui. Lo único de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que subía del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. […] Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un niño me despertó de mi ensueño al preguntarme la hora. Eran veinte para las siete.Cuando el niño se fue empecé a fijarme en dónde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que había alhelíes y geranios. Sobre la entrada había un cartel con las palabras:CHARLES ATKINSON MONUMENTOS MÁRMOLES INGLESES E ITALIANOSDel patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido frío del metal sobre la piedra. Un súbito impulso me hizo entrar. Un hombre estaba sentado, dándome la espalda, trabajando en una losa de mármol curiosamente veteado. Se volvió hacia mí al oír mis pasos y al verlo me detuve. Era el hombre que yo había estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.Estaba ahí sentado, enorme, con el sudor fluyendo de su calva, que él limpiaba con un pañuelo de seda roja. Pero, aunque su cara era la misma, su expresión era totalmente diferente. Me saludó sonriendo, como si fuéramos viejos amigos, y estrechó mi mano. Yo me disculpé por mi intrusión.—Afuera hace muchísimo calor y todo deslumbra —dije—. En cambio, aquí parece un oasis en el desierto. —No sé si será un oasis —contestó— pero ciertamente hace un calor infernal. Siéntese, señor.Señaló un extremo de la lápida en la que trabajaba y yo me senté.—Esta es una piedra hermosa —dije.Él negó con la cabeza.—Lo es en cierto modo —contestó—; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podría desear, pero hay un gran defecto en la parte de atrás. A lo mejor usted no podría verlo, pero realmente este trozo de mármol no sirve para un buen trabajo. En un verano como este se vería muy bien, no le pasaría nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos débiles de la piedra.—¿Entonces para qué la va a usar? —pregunté.El hombre rio a carcajadas.—A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros también. Todas las nuevas tendencias en lápidas, ya sabe. […]Yo dije poco porque me sentía incómodo. Había algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre. Primero quise persuadirme de que debía haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, debía tener un lugar en algún rincón apartado de mi memoria, pero entendí que aquello solo era una forma razonable de engañarme a mí mismo.El señor Atkinson terminó su trabajo, escupió en el suelo y se levantó con un suspiro de alivio.—¡Listo! ¿Qué le parece? —dijo, con evidente aire de orgullo.La inscripción, que leí entonces por primera vez, era esta:DEDICADO A LA MEMORIA DE JAMES CLARENCE WITHENCROFT NACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860 MURIÓ REPENTINAMENTE EL 20 DE AGOSTO DE 190…Por un tiempo me quedé sentado en silencio. Entonces un escalofrío bajó por mi espalda. Le pregunté dónde había visto el nombre.—Oh, no lo vi en ninguna parte —respondió el señor Atkinson—. Quería algún nombre, y escribí el primero que se me ocurrió. ¿Por qué lo pregunta? —Es una extraña coincidencia, pero resulta que es mi nombre.Él dio un silbido largo y grave.—¿Y las fechas? —Solo puedo estar seguro de una, y es la correcta. —¡Qué cosa más extraña! —dijo él.Pero él sabía menos que yo. Le conté de mi trabajo de la mañana. Saqué el boceto de mi bolsillo y se lo mostré. Mientras lo miraba, la expresión de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo había dibujado.—¡Y pensar que apenas anteayer —comentó— le dije a María que los fantasmas no existen!Ninguno de los dos había visto un fantasma, pero entendí a qué se refería.—Usted probablemente escuchó mi nombre —dije.—¡Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! ¿No estuvo en Clacton- on-Sea en julio pasado?Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mirábamos la misma cosa: las dos fechas en la lápida, de las cuales una era correcta. […]—Perdone la pregunta —dije—, pero ¿sabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?Él negó con la cabeza. […]—¿Dónde vive usted? —dijo—.Le di mi dirección. Me tomaría una hora regresar a pie, yendo a buen paso.—Mire, la cosa es así —dijo—. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riesgo de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber cáscaras de plátano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me reí.—Lo mejor que podemos hacer —continuó— es que usted se quede aquí hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.Para mi sorpresa, acepté.* * * Ahora estamos sentados en una habitación larga, aunque no muy alta, bajo los aleros. Atkinson ha enviado a la cama a su mujer. Él está ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata está a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre hábil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.Ya son las once. Me habré marchado en menos de una hora. Pero este calor es espantoso.Es de los que vuelven loca a la gente.Harvey, W. (2008). El calor de agosto. Las Historias. https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-calor-de-agosto/Con relación al protagonista, ¿qué se infiere a partir del desenlace del relato?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.En relación con Maturana, ¿cuál es el propósito de la emisora?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.¿Qué aspecto del lenguaje se destaca en la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.¿Cuál de las siguientes opciones presenta una síntesis de la sección “1. El concepto de lenguaje en Maturana”?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.De acuerdo con la lectura, ¿qué concepto se asocia con la interpretación de significados de las palabras a partir de las interacciones?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.Según Maturana, ¿cuál es una característica de la «objetividad sin paréntesis»?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.De acuerdo con la lectura, ¿qué posibilidad entrega la «objetividad entre paréntesis» al ser humano?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.Pregunta excluida del puntaje P oficial; incluida para práctica.Según Maturana, ¿qué permite la reflexión sobre el lenguaje?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.Según Maturana, ¿cuál es la causa de la invisibilización del otro?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.A partir de la lectura, ¿qué representan conceptos como bullying, racismo, machismo y homofobia?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.¿Por qué para Maturana la conversación es fundamental?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.¿Cuál es el tono de la emisora en el último párrafo de la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.¿Qué idea de la lectura El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso se asocia a lo propuesto en el siguiente fragmento de una entrevista realizada a Maturana?«Si me acerco a un niño pensando: “este niño no es capaz”, no lo escucho y, por tanto, lo discrimino, lo niego. Y lo niego porque la teoría me dice a priori (con anterioridad) que no es capaz. Entonces, si no me salgo de esa teoría nunca lo voy a escuchar».Ministerio de Educación. (2016). Los seres humanos aprendemos en la convivencia. Revista de Educación. https://www.revistadeeducacion.cl/revista_pdf/reveduc_376/files/assets/basic- html/page-38.html#DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 4: preguntas 26 a 38Fragmento de un artículo especializado publicado en la revista Estudios Públicos el año 2021.El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso Karen Urrejola Corales Pontificia Universidad Católica de Chile.1. El concepto de lenguaje en Maturana Para Maturana (1995a), el lenguaje es el mecanismo fundamental de interacción social. Así, es la conducta primaria de las personas en las sociedades que ellas conforman: “Nuestra individualidad como seres humanos es social y al ser humanamente social es lingüísticamente lingüística, es decir, está inmersa en nuestro ser, en el lenguaje” (Maturana, 1995a, p. 78). De este modo, el lenguaje sería este fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que se da en sociedad (Maturana, 1995a). Así, existimos en un mundo social que es definido a través del lenguaje, pues es en este donde nos realizamos como seres vivos y donde subyace nuestra organización y representación social (Maturana y Varela, 1984).A partir de lo anterior, el autor concluye que el ser humano es el que otorga los significados a las palabras, entendidas como nodos de coordinaciones conductuales consensuales, siempre como observador inmerso en este lenguaje. Dicho de otra manera, asignamos significados a los gestos, conductas o sonidos desde la relación de coordinación conductual consensual donde vemos que estos participan, es decir, desde la interacción misma que los envuelve y que percibimos (Maturana, 1995b). De este modo, las palabras tendrían significado en este fluir de coordinaciones dadas por la propia experiencia del observador, a través de su participación en la sociedad.Desde esta mirada, Maturana (1995b) postula el lenguajear como un neologismo9 para hacer referencia al acto de estar en el lenguaje mismo, sin referirse específicamente al habla, sino al concepto de estar en este sistema. En otras palabras, se refiere al operar en este lenguaje, pues somos en el lenguaje. A partir de lo anterior, Maturana (1995b, p. 85) indica:lo que un observador ve como el contenido de un lenguajear particular, está en el curso que siguen las coordinaciones conductuales consensuales que tal lenguaje involucra, en relación con el momento en la historia de interacciones en que ellas tienen lugar.Así, el rol del observador es fundamental y, al mismo tiempo, se ve influido por este, ya que el acto mismo de participar en el lenguaje gatilla cambios estructurales en las dinámicas sociales (en su amplio concepto) del que el observador es parte (Maturana, 1995b).El lenguaje, entonces, configura nuestra realidad: “es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano […] en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos” (Maturana y Varela, 1984, p. 155). Así, Maturana (1995c) postula la existencia de una objetividad sin paréntesis y una objetividad entre paréntesis. La primera da cuenta de un universo y realidad independientes de nuestro lenguaje, mientras que la segunda admite varias realidades, y es en este lenguajear y conversar donde se genera esta realidad (Maturana, 1995c). Es en esta segunda objetividad donde el acto de conversar y reflexionar se vuelve fundamental, y es a la que adscribe el autor. De esta manera, es la reflexión en torno a nuestro lenguaje lo que nos permite tanto contemplar nuestro mundo e identidad como acceder al mundo e identidad del otro (Maturana, 1995a, 1995b).2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso Si entendemos, entonces, que el lenguaje se da en este fluir de interacciones recursivas de coordinaciones conductuales consensuales, y que es en este que creamos realidad, en conjunto con otros, la reflexión en torno a aquel es fundamental (Maturana, 1995a, 1995b). La contraparte, en cambio, nos llevaría por un camino distinto. El lenguaje, sin la reflexión en torno a este ni en la disposición a conversar con el otro, es lo que también nos puede distanciar y llevar a la exclusión del otro: “Pero el lenguaje es también la caída del ser humano, al permitir las omisiones frente al ser biológico que traen consigo las ideologías, […] nuestras ideologías justificativas nos limitan frente a nosotros mismos y los demás” (Maturana, 1995a, p. 81). El apego exacerbado a nuestras ideologías nos lleva a negar al otro y nos cerramos al acto de conversar y reflexionar sobre el mundo que compartimos con el resto. En otras palabras, al negar al otro, invisibilizamos otras cosmovisiones y representaciones de la realidad.La invisibilización del otro en el discurso no es nueva y se da en diferentes áreas como la escuela, la prensa, las redes sociales, las leyes e incluso la conversación cotidiana. La invisibilización en el discurso social de grupos y de los actos discriminatorios que han sufrido (como es el caso de disidencias sexuales, de las mujeres y su historia, de inmigrantes, indígenas y sectores vulnerables), así como de la manera en que se representan en los discursos, muchas veces desde una mirada negativa, es parte de una violencia estructural (Van Dijk, 1997, 2001; Butler, 2002; Sorribas y Cabral, 2010; Valverde, 2013; Cornejo, 2017; Varela, 2019; entre muchos otros).Así, el dar nombre a actos de discriminación y violencia de forma específica es visibilizarlos socialmente. Por ejemplo, el hecho de dar un nombre a la agresión psicológica o física en las escuelas como bullying (Olweus, 1978), es dar un lugar a estos actos en nuestro discurso, y es lo que incide en que comencemos a conversar del tema. De este modo, conceptos como racismo, machismo, homofobia son palabras que en su uso visibilizan estos actos (y a quienes son víctimas de estos) y abren la oportunidad de conversar/reflexionar en torno a ellas y sus respectivos contenidos.De este modo, para Maturana (1989) el acto de conversar es fundamental, ya que todo quehacer humano se da en este acto y es en este donde se da la posibilidad de aceptar la realidad del otro. Desde esta mirada, Maturana y Varela (1984, p.163) indican lo siguiente: “Lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él”. La presencia del otro y su realidad en nuestro discurso, es necesaria para poder convivir en respeto y armonía, sin negarlo y sin negarla frente a ideologías creadas a priori10.Es a partir de lo anterior que se dan los esfuerzos actuales por incluir a todos y todas en nuestro discurso, sin imponer ideologías o ‘conceptos’ desde una sola mirada. Así, no son menores las discusiones sobre cómo nombrar a personas en situación de discapacidad (García et al., 2013), distintas realidades e identidades sexuales (Ramírez y García, 2018), o culturales, en su amplio espectro y diversidad. El ‘cómo quiero ser nombrado o nombrada’ da cuenta de ‘cómo soy parte’ de la realidad que integro, y cuál es mi identidad en esta. Dar espacio a todos y todas en nuestro discurso es dar espacio a la inclusión social y a las estructuras que nos conforman y conforman nuestra realidad, que es siempre compartida.Urrejola Corales, K. (2021). El rol del lenguaje en Humberto Maturana: la importancia de la inclusión en el discurso. Estudios Públicos 163, 167-172. https://doi.org/10.38178/07183089/0214210705Notas de la lectura9 Palabra, expresión o significado nuevo en una lengua.10 Con anterioridad a un hecho o circunstancia.Dado el tema y el tratamiento de la información, ¿en qué jornada reflexiva sería útil abordar la información de la sección “2. La invisibilización del ‘otro’ en el discurso”?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.¿En qué se basó una de las razones por las que el emisor evita tomar parte en el debate de Twitter?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.¿Con qué finalidad el emisor cita a George Steiner en la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.Pregunta excluida del puntaje P oficial; incluida para práctica.¿Qué critica el emisor sobre el hábito de rayar libros de las bibliotecas universitarias?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.De acuerdo con el emisor, ¿cuál es la mejor manera de apreciar un poema?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.En el quinto párrafo de la lectura, ¿qué concluye el emisor sobre el sistema escolar?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.Considerando la lectura, ¿qué significa que la poesía «se consuma cuando toma la forma de un evento verbal»?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.¿Con qué postura sobre la poesía el emisor manifiesta afinidad?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.En el penúltimo párrafo de la lectura, ¿con qué proceso intelectual el emisor relaciona la poesía?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.Pregunta excluida del puntaje P oficial; incluida para práctica.En el último párrafo de la lectura, ¿para qué el emisor utiliza el ejemplo de su amigo artista?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 5: preguntas 39 a 48Fragmento de la columna de opinión escrita por Andrés Anwandter, publicada en la Revista Santiago el año 2019.Contra la lectura “lápiz en mano” Figura 1.Hace poco me encontré en Twitter con un debate sobre el subrayado de libros. La verdad, “debate” es una exageración, porque todo el mundo básicamente coincidía en lo mismo: que los libros eran para subrayarlos o, en un gesto relacionado, para escribir sobre ellos. Con lápiz grafito o con tinta indeleble, con destacador fluorescente, con distintos colores según elaborados criterios personales, garrapateando11 además, en los márgenes, notas de lectura, etc. Leer un libro conllevaba, para todos, rayarlo de una u otra forma, evidenciando así una lectura atenta, analítica o inquisidora. Estaban, así, totalmente de acuerdo con las palabras del crítico George Steiner: “El intelectual es simplemente un ser humano que tiene un lápiz en la mano cuando lee un libro”. No hice ninguna contribución a este curioso consenso, no solo porque en general carezco de la gracia que admiro en otras personas para meter baza12 en las redes sociales, sino porque en este punto disiento absolutamente: yo no subrayo los libros. De hecho, tengo un vago horror sagrado a subrayarlos, y me carga leer libros subrayados por otros. […]Para mí, la falta de valor de estas anotaciones radica en su frecuente impertinencia. Siempre me exasperaron los rayados y subrayados en los libros de las bibliotecas universitarias: nunca pude ver en ellos las huellas de alguna lectura interesante. […]Por cierto, habiendo sido estudiante universitario, yo sé lo que es, a falta de otro nombre mejor, “leer por estudio”. En mis tiempos de pregrado rayé y anoté –a veces también hice dibujitos– sobre millares de fotocopias de capítulos de libros preparando alguna prueba o armando un informe. En mis tiempos de posgrado copiaba en el computador las citas que me interesaban de los libros que iba leyendo, o las recortaba de algún artículo en pdf, y utilizaba después en mis ensayos. Leer por estudio es leer lápiz en mano, aunque el lápiz sea virtual. Leer por estudio es leer para escribir, para obtener algo tangible como producto de la lectura, y esto pasa casi siempre por descuartizar el texto al leerlo. No necesariamente el objeto libro, aunque mucha gente que conozco no tiene empacho en dejar bastante maltrechos los ejemplares así leídos. Por mi parte, yo jamás he podido tomar un libro impreso con una mano y el lápiz como un bisturí con la otra, y lanzarme a leer en busca de algo que marcar, algo que extraer, o algo que “aportar” al cuerpo del texto. Si fueran estos los objetivos de la lectura, si la idea es estudiar lo leído, el libro mismo no me ha parecido nunca un buen soporte material para registrar los resultados del proceso.Ahora bien, la gran mayoría de mis lecturas no son por estudio. Y creo que es esto lo que explica mi reticencia a rayar libros, mi aversión por los libros rayados: la gran mayoría de mis lecturas corresponde a libros de poemas. Leo sobre todo poesía por gusto personal y –aunque escribir poemas no sea precisamente una profesión– por una suerte de deformación profesional, ya que es el género literario en el cual trabajo. He publicado ocho libros de poesía y numerosos poemas en revistas y antologías, ninguno de los cuales evidentemente pide ser subrayado o anotado, como tampoco me parece que lo hacen los versos que suelo leer. Y es que la poesía en general no se lee “lápiz en mano”: se recita –ojalá en voz alta– y se deja resonar en el oído interior. […]Una segunda razón, relacionada con la anterior, es que un poema se consuma cuando toma la forma de un evento verbal, un acontecimiento en el tiempo. Leer un poema es, de este modo, experimentar la repetición de dicho evento en toda su duración. Desafortunadamente, no es esta la manera en que hemos aprendido a acercarnos a la poesía. En mis observaciones en escuelas chilenas, he visto numerosas veces cómo, en vez de un evento, el poema es abordado como un objeto a ser diseccionado en sus partes o elementos. Se insta a que los estudiantes reconozcan y subrayen figuras literarias, identifiquen el “hablante lírico”, la “actitud lírica” y el “objeto lírico” (como si toda poesía fuera necesariamente lírica), cuenten las sílabas de cada verso, etc. Esta es la manera en que nuestra educación suele incorporar un contenido determinado a sus programas de estudio: transformándolo en “materia”, es decir, en un objeto de conocimiento que puede ser visto en una clase y por el cual se puede después preguntar en una prueba. Simplemente, leer un poema en voz alta no sería entendido como “pasar materia”. Aprenderse un poema de memoria para luego recitarlo sería descartado como una forma del llamado “aprendizaje memorístico”, se supone pasado de moda. Nuestro sistema educacional asume que la única forma seria de abordar un texto, poético o no, es leyéndolo por estudio. Pero es difícil hallarle sentido al conocimiento obtenido de esta manera –el poema como objeto de estudio– si es que este no se puede asociar a la experiencia del poema en cuanto evento. Por eso no es raro que la escuela termine alejando a la gente de la poesía.Una tercera y última razón contra el rayado de libros de poemas tiene que ver con el tipo de proceso intelectual que ofrece la poesía. Es sabido que un poema no tiene que ver solamente con la expresión de emociones (como se enseña también en nuestros establecimientos educativos), sino que transmite un tipo de pensamiento poético, caracterizado por la síntesis. Ezra Pound decía que la poesía era palabra “cargada de sentido al máximo posible” y llamaba la atención sobre el hecho de que el término en alemán para poesía (“Dichtung”) signifique “condensar”. Si poetizar es sintetizar, si la gracia de la poesía radica en su capacidad de condensar el pensamiento en imagen y sonido, no puede ser adecuada la lectura analítica de un poema: esa lectura lápiz en mano que deshace el trabajo poético, disipa la concentración de sentido, y sustituye la experiencia del poema por la ilusión de entendimiento o la obtención de conocimiento. Por más que esta forma de leer nos permita eventualmente escribir artículos, o libros, y quizás ganarnos la vida en la academia a costa de la poesía.No niego que los poetas también lean a veces poemas por estudio. Por ejemplo, subrayando versos que usarán como epígrafes, o traducirán, o parafrasearán, o plagiarán en sus propios poemas. Asimismo, un artista puede rayar un libro de pintura, encerrando en un círculo rojo detalles de cuadros (como he visto hacer, con consternación, a otro amigo) o incluso recortando sus imágenes para trabajar con ellas. Pero nadie negaría que esta no es la manera más apropiada de mirar una obra visual. Tampoco es apropiado tomar un poema como si fuera un objeto y abrirlo para ver cómo funciona por dentro o qué se puede decir sobre el mismo. Para mí, la mejor manera de apreciar un texto poético será siempre escucharse leerlo de punta a cabo, sumergir el oído en el flujo verbal que propone, sin desesperar por saber de qué trata, por qué lo hace, o qué se puede sacar en claro de él. Y para esto hay que dejar el lápiz de lado.Anwandter, A. (2019). Contra la lectura “lápiz en mano”. Revista Santiago, Universidad Diego Portales. https://revistasantiago.cl/pensamiento/contra-la-lectura-lapiz-en-mano/Notas de la lectura11 Haciendo garabatos o trazos irregulares sobre algo. 12 Intervenir en asuntos o conversaciones de otros.¿De qué forma el emisor intenta convencer al lector de su punto de vista?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.¿Con qué idea presente en la lectura Personas se relaciona la información expuesta en el siguiente fragmento publicado por ChileCultura?La historia del chileno dueño de la Luna«Mucho antes de que millones de personas vieran por televisión esta proeza científica (la llegada del hombre a la Luna) –más de una década antes, de hecho–, el abogado Jenaro Gajardo Vera, nacido en Traiguén (1919), acudió a una notaría de Talca para inscribir la Luna como su propiedad. Era 25 de septiembre de 1954, y el hombre se presentó ante el notario César Jiménez Fuenzalida, a quien convenció de que era el dueño del satélite natural, describiendo sus medidas y límites».ChileCultura. (s.f.). La historia del chileno dueño de la Luna. ChileCultura.DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.Con respecto a las cosas y las personas, ¿qué función cumple el segundo párrafo de la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.El siguiente fragmento refiere al artículo 582 del ordenamiento jurídico chileno. ¿Con qué párrafo de la lectura Personas se relaciona?«En el ordenamiento jurídico chileno, el concepto de propiedad empleado históricamente es el que ofrece el Código Civil, cuyo artículo 582, inciso primero, establece que “el dominio (que se llama también propiedad) es el derecho real en una cosa corporal, para gozar y disponer de ella arbitrariamente; no siendo contra la ley o contra derecho ajeno”».Cariola-Díez y Pérez Cotapos. (s.f.). Cariola-Díez y Pérez Cotapos. https://www.cariola.cl/actualidad-constitucional/33-derecho-de-propiedad-sobre-bienes-en- general/DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.¿Para qué se reflexiona sobre la idea de “bien” en la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.¿Para qué se utilizaba una varilla en el Foro Romano?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.En la sociedad romana, ¿cómo se llamaba al acto de reclamación de propiedad de un objeto en disputa?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.Respecto de la guerra, ¿cuál es la idea principal del penúltimo párrafo de la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 6: preguntas 49 a 56Fragmento del ensayo Las personas y las cosas, escrito por Roberto Esposito, publicado el año 2016.Personas 1. PosesiónDesde tiempos inmemoriales nuestra civilización se ha basado en la más nítida división entre personas y cosas. Las personas han sido definidas, sobre todo, por el hecho de no ser cosas, y las cosas por el hecho de no ser personas. Entre las dos parece no haber nada, ni el sonido de las palabras ni el alboroto de los cuerpos. El mundo mismo no parece ser más que la falla natural a través de la cual las personas adquieren o pierden las cosas. El derecho romano, a partir de las Instituciones13 de Gayo, estableció la división entre las acciones, las personas y las cosas como el fundamento de todos los sistemas jurídicos (Inst., I, 8). Si bien esta obra está lejos de representar toda la concepción jurídica romana, su influencia en toda la modernidad ha sido decisiva. Pocas formulaciones han ejercido un efecto de esta magnitud durante tanto tiempo. Toda la experiencia humana está dividida por una línea que no prevé otras posibilidades. Cada entidad de la cual se ocupa el derecho, si no es una acción, se trata de una persona o de una cosa, de acuerdo con una simple y clara distinción: una cosa es una no-persona y una persona es una no-cosa.La relación entre ellas es de dominación instrumental, en el sentido de que el rol de las cosas es servir o al menos pertenecer a las personas. Dado que una cosa es algo que pertenece a una persona, entonces quienquiera que posea cosas disfruta del estatus de persona y puede ejercer su dominio sobre ellas. Sin duda, hay algunas cosas que no es posible dominar y que, en realidad, de algún modo nos dominan porque son más poderosas que nosotros, como las fuerzas de la naturaleza: la altura de las montañas, las olas del océano y el temblor de la Tierra. Pero, en general, las cosas se consideran “esclavas silenciosas”14 al servicio de las personas. Literalmente, están en el lugar de los siervos. “Si cada instrumento –sostiene Aristóteles, citando un célebre verso de la Ilíada (XVII, 376)– puede cumplir la función que se le ha ordenado, los maestros artesanos no tendrían necesidad de subordinados, ni los amos de esclavos” (PoI., 1, 4, 1253b-1254a). Necesitamos de las cosas. Sin ellas, las personas estarían privadas de todo aquello que necesitan para vivir y, finalmente, de la vida misma. Por esa razón, las cosas que poseemos se definen como “bienes”, cuya totalidad constituye lo que todavía hoy llamamos “patrimonio”, con referencia al pater (padre). Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la idea de “bien” coincide con la de cosa poseída, pues un bien no es alguna entidad positiva ni un modo de ser, sino aquello que se posee. Esto testimonia la absoluta primacía del tener sobre el ser, que desde hace mucho tiempo ha caracterizado a nuestra cultura. Así pues, una cosa no parece ser ante todo lo que es sino, más bien, lo que alguien tiene. Es una posesión que nadie más puede reclamar. Si bien las cosas han sido dadas al ser humano en común, siempre terminan en posesión de un propietario que puede disponer de ellas, usarlas e incluso destruirlas como le plazca. Están en las manos de quien las posee.Esta última expresión debe ser entendida en su sentido más literal. La mano que aferra y retiene es uno de los rasgos distintivos de la especie humana. “Muchos animales –observa Canetti– aferran con la boca provista de dientes, en lugar de las garras o las zarpas. Entre los hombres, la mano que aferra la presa ha llegado a ser el verdadero símbolo de poder”. Cuando hablamos de nuestra mano como el órgano que humaniza al mundo, creando artefactos o sellando promesas, se suele ignorar un acto mucho más antiguo que es el de la pura apropiación. La cosa es ante todo de quien la toma. Un objeto que está “al alcance de la mano” significa, más que ser fácilmente accesible, estar en el puño de quien lo posee. Para reclamar la pertenencia disputada de una cosa en el Foro Romano, los litigantes ponían físicamente una mano sobre ella ante el magistrado. Cruzar las manos sobre la cosa en disputa, Conserere manum, era un gesto estrechamente relacionado con el acto físico de tomarla. Para completar el ritual de la propiedad, el sujeto que afirmaba ser el propietario la tocaba con una varilla (la festuca) mientras pronunciaba la fórmula solemne “Declaro que esta cosa me pertenece, de acuerdo con el derecho quiritario15”. El criterio de propiedad prevalecía incluso sobre la identidad de la cosa. El elemento que calificaba esencialmente a la cosa no era su contenido sino su ser de alguien y de ningún otro, en una forma irrefutable.Esta práctica judicial remite a un ritual aún más antiguo, en boga en el Lacio16 primitivo, asociado con la declaración de guerra. Tito Livio refiere que la declaración era precedida por un pedido de restitución de las cosas retenidas de un modo ilegítimo por el otro pueblo. Pedir las cosas, Res repetere, era la última advertencia antes de tomarlas por la fuerza. Si no eran entregadas, después de la invocación a los dioses, llegaba la declaración de guerra (I, 32, 5-14). En definitiva, la guerra misma se hacía siempre por las cosas; para defender las propias o para adquirir mediante la violencia las cosas del otro. Como observa Canetti, finalmente “cualquier otra forma más paciente de crecimiento se rechazaba y despreciaba. Se desarrolló una suerte de religión estatal de la guerra, con el crecimiento más rápido posible como su objetivo”. Durante milenios el principal móvil de la guerra era el saqueo. Por eso ningún comandante tradicional habría osado prohibirlo a sus hombres. Durante un tiempo incalculable, la captura de las cosas, del botín acumulado a los pies del vencedor, ha determinado las relaciones de poder entre los seres humanos. La misma tierra es la primera cosa de la cual se apodera el ejército invasor, ocupándola, conquistándola y confinándola. La victoria militar le sonríe a quien logra apropiarse de un territorio determinado, sobre el cual plantar una bandera diferente de la que antes ondeaba. Desde ese momento, todas las cosas incluidas en ese territorio son propiedad del nuevo amo.La relación entre guerra y propiedad precedió a la relación jurídicamente definida, especialmente en la antigua Roma, la “patria” del derecho. Durante centurias la guerra fue el único medio de adquirir algo inaccesible para los pueblos sin otros recursos. Este era el modo más común de adquirir propiedad, hasta tal punto que durante mucho tiempo la piratería fue considerada más honorable que el comercio. En su origen, la propiedad siempre alude a una apropiación previa; en su forma primordial, la propiedad no es transmitida ni heredada, es arrebatada.Esposito, R. (2016). Las personas y las cosas. Katz.Notas de la lectura13 Obra destinada a la enseñanza del Derecho, elaborada por el jurista romano Gayo. 14 J. L. Borges, “Las cosas”, en Elogio de la sombra, Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 423.15 Propio de los ciudadanos romanos. 16 Región de Italia.A partir de la lectura, ¿qué similitud existió entre la piratería y la guerra?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39En la primera sección de la lectura, ¿cómo se relacionan los tres primeros párrafos con los tres siguientes?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39En el segundo párrafo de la lectura, ¿qué aspecto se aborda sobre la vulnerabilidad de Chile frente a desastres?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39¿Qué organismo fue designado por el Gobierno de Chile para coordinar el voluntariado en emergencias a lo largo del país?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39¿Qué aspecto destaca Isidora Lazcano en su visión sobre el voluntariado?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39Para SENAPRED, ¿en qué aspecto el voluntariado es un recurso fundamental?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39Según SENAPRED, ¿cuál es una de las razones por las que el voluntariado en situaciones de emergencia es relevante?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39En un debate en el que se discute la importancia del voluntariado de emergencia para la protección del medioambiente, una persona desea utilizar la crónica Importancia del voluntariado en la emergencia para fundamentar su defensa del voluntariado en dicho ámbito. ¿A cuál de las informaciones utilizadas en la lectura podría recurrir para elaborar sus argumentos?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39¿Qué función cumplen los índices de participación presentados en el último párrafo de la lectura?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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Lectura 7: preguntas 57 a 65Fragmento de la crónica escrita por Pía Ibarra y Mauricio Fuentes, publicada en la revista del Instituto Nacional de la Juventud el año 2023.Importancia del voluntariado en la emergencia Nuestro país históricamente se ha visto marcado por contextos de emergencia, principalmente originados por eventos de orden telúrico y/o meteorológico, como lo son los terremotos y aluviones, entre otros eventos, que sitúan a Chile como territorio susceptible a diversos desastres naturales.Cabe destacar también que existen otros aspectos que acentúan la vulnerabilidad de nuestro territorio nacional frente a desastres naturales; la sobreexplotación de recursos naturales, la contaminación, la no renovación del suelo, sumada a la construcción de viviendas en espacios no adecuados para el uso habitacional y la acción irresponsable del ser humano en el caso de los incendios forestales.Una emergencia provocada por un desastre de este tipo claramente genera estragos y daños en las localidades en que ocurre, afectando tal y como se comentó con anterioridad, no tan solo la infraestructura, viviendas y otros enseres y pertenencias de orden material, sino que también impacta la seguridad, el desarrollo integral, la salud y proyectos de las personas involucradas.Es por esto que es relevante otorgar una pronta solución para restituir las condiciones de vida de quienes han sido afectados y garantizar que puedan hacer ejercicio de sus derechos lo más pronto posible. Sin duda, esta es una ardua labor, que necesita coordinación no solo a nivel gubernamental, sino también con el aporte e involucramiento de distintos agentes de la sociedad, como lo son las y los voluntarios.El voluntariado de emergencia nace como una respuesta para la sociedad, con el fin de brindar ayuda en los territorios afectados por un desastre natural o de otra índole. Esta ayuda puede ser de distintas formas (donación de especies, apoyo en terreno, etc.) y constituye para el Estado un apoyo fundamental para lograr ampliar su rango de acción cuando la emergencia excede las capacidades con las que se cuenta para acudir y socorrer a la población.Este tipo de voluntariado es importante que se pueda llevar a cabo para evitar se cause más daño en las zonas afectadas. Debido a esto, el Gobierno ha designado al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) la coordinación del voluntariado en emergencias y por esta razón se conforman mesas de trabajo con distintas organizaciones de la sociedad civil en conjunto con instituciones públicas como el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) para ir coordinando las distintas acciones de ayuda a nivel nacional e ir generando parámetros para que las y los voluntarios puedan actuar con todas las condiciones mínimas para desempeñar sus labores de apoyo.¿Qué dicen otras instituciones? Ante la pregunta: ¿cuál es la importancia del voluntariado de emergencia? Algunas instituciones fundamentales a la hora de ocurrir alguna emergencia en Chile nos entregan su visión al respecto:“En tiempos de emergencia, las personas voluntarias desempeñan un papel fundamental, son el corazón y la fuerza que impulsa la recuperación y la reconstrucción. No se trata solo de levantar un techo o entregar alimentos, es también entregar un apoyo emocional; es compartir una sonrisa, extender una mano y entregar una palabra que marca una diferencia importante para quienes lo han perdido todo, convirtiéndose en la esperanza que tanto se necesita en momentos de desesperación. La entrega, dedicación y voluntad de estar presente en las emergencias es una muestra más del compromiso que tienen hoy los jóvenes con lo que pasa día a día en nuestro país”.Isidora Lazcano · Directora Social TECHO-Chile[…] “El SENAPRED reconoce, facilita y promueve la participación de la sociedad civil organizada, incluyendo al voluntariado en el proceso de Gestión del Riesgo de Desastres (Art. 4, letra e, Ley 21.364). En este marco, para SENAPRED, el voluntariado en emergencias representa un recurso fundamental para la gestión en las fases de respuesta y recuperación, producto de que posibilita movilizar apoyos y recursos de manera rápida y flexible, en los sectores afectados, fortaleciendo así la solidaridad comunitaria. Al mismo tiempo, permite complementar la labor de los servicios desplegados territorialmente, contribuyendo a la generación de una respuesta eficaz y pronta recuperación. Para ello, es de crucial importancia la coordinación con los actores del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), para que este voluntariado de tipo orgánico y autónomo desarrolle capacidades que se pongan a disposición de acuerdo con las necesidades territoriales. Finalmente, se reconoce en el voluntariado a un agente promotor de la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD), con potencial para robustecer capacidades comunitarias en materia de prevención, respuesta y recuperación, aportando de este modo a fomentar la resiliencia de nuestra sociedad”. SENAPREDHistoria de la emergencia en INJUV Fue el año 2011 cuando el Parque Nacional Torres del Paine fue arrasado por un gran incendio forestal, lo que despertó una efervescente motivación de las personas jóvenes por ofrecer su ayuda. INJUV convocó un voluntariado de restauración ecológica y en menos de 48 horas más de 10 000 personas postularon, dicha intervención fue todo un éxito y no hizo más que confirmar el gran interés de las juventudes en la participación en espacios de voluntariado.INJUV comenzó a ofrecer espacios de participación voluntaria en distintas temáticas, las cuales se fueron coconstruyendo con los mismos usuarios, logrando así hitos bastante importantes como contar con grupos permanentes de voluntarios en todas las regiones del país, movilizar a más de 5000 personas voluntarias al año, intervenir en 60 de las 105 Áreas Silvestres Protegidas del Estado con trabajos de restauración ecológica, contar con una red de organizaciones de voluntariado con más de 250 integrantes vinculados entre sí, entre otras acciones. Esta fidelización de equipos de voluntariado permanente y una elevada capacidad de gestión de acciones de voluntariado, decantaba también en la rápida y eficiente respuesta que el INJUV brindaba […].Durante 10 años el programa Transforma País trabajó, desarrolló y profundizó el concepto de “Voluntariado Transformador”, el cual busca que la experiencia de voluntariado no se ejecute desde un punto de vista asistencialista, sino como una experiencia que entregue aprendizajes y vivencias que generen cuestionamientos y crecimientos personales para quienes lo viven, asimismo para quienes se beneficien de esta acción, generando un espacio de transformación social.Desde el punto de vista de las juventudes, es importante destacar que es una gran herramienta de participación, ya que más de un tercio de las juventudes (37,1 %) participaron en alguna actividad de ayuda a la comunidad o trabajo de voluntariado NO REMUNERADO el último año, cifra más alta en 7 años. En adultos, el porcentaje alcanza un 35,2 % (Décima Encuesta Nacional de la Juventud, 2022).Ibarra, P. y Fuentes, M. (2023). Importancia del voluntariado en la emergencia. Instituto Nacional de la Juventud. https://extranet.injuv.gob.cl/revistas_rt/revistas?rt=39Una persona está evaluando la posibilidad de unirse a un grupo de voluntarios para atender emergencias en desastres naturales. Para informarse y tomar la decisión leyó la crónica Importancia del voluntariado en la emergencia, sin embargo, considera que la lectura carece de información que logre convencerla. ¿Qué información podría añadirse a la lectura, a modo de argumento, para convencer a la persona de unirse al grupo de voluntarios?DEMRE, PAES Invierno 2026, Forma 101.
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